¿El amor de Dios? ¿Dios tiene amor? Algunos dicen que Dios es amor, ¿será verdad? Y aún si tiene amor, ¿somos merecedores de ese amor?

 

Hay una frase que dice “El ser humano no pide nacer, no sabe vivir y no desea morir.”

Con esto quiero decir que puede ser fácil vivir, es decir sólo debes de seguir existiendo ¿cierto?, pero todos sabemos que no es así de sencillo, muchos tenemos problemas, cometemos errores y debemos ser responsables ante las consecuencias.

En cada uno de nosotros es distinto pero a todos nos llega, y me refiero a aquello que nos hace darnos cuenta de la necesidad de Dios.

Para unos será las deudas incalculables que llaman todos los días, o quizás son las relaciones con tu familia que no te dejan tener paz. Puedo continuar así hablando sobre fracasos financieros, profesionales, o sueños que se están muriendo. Puedo continuar con la lista, pero sé que tú conoces cual es tu situación y cual es tu problema.

El amor de Dios

Jesús cuenta en una historia lo siguiente:

También dijo: Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente. Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba. Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! 18Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse. – Lucas 15.11-24 RVR60

En la historia, el hijo menor comete un error. Creo que es algo con lo que podemos relacionarnos fácilmente.

No sólo eso, sino también dice que está apartado de su Padre. Si no te identificas con esto, déjame preguntarte ¿Cuando fue la última vez que hablaste con tu Padre Dios en oración?

Posiblemente tenías un plan que obviamente no funcionó.

Como a todos, seguramente en ese momento te acordaste o escuchaste de este Dios Padre que te creó, te levantó y te protegió.

Y aún si piensas que por tus errores o planes, no mereces hablarle a Dios, déjame decirte que estás en lo correcto.

Nosotros [no merecemos nada] porque no se trata de lo que hagamos nosotros para merecer algo, sino de lo que hace Dios y su palabra dice:

ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro – Romanos 8.39 RVR60

En esto encontramos paz, pues Él nos sigue amando como el Padre que es.

Es tiempo de volver con Dios y esto sólo es posible por lo que dice:

En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. – 1 Juan 4.9 RVR60

Y de esto trata el evangelio.

Por eso te quiero compartir la oportunidad de percibir este amor como ningún otro, por medio de la fe en Cristo.

Si estás listo, repite conmigo:

Señor Jesús, reconozco que por tu amor moriste para que yo sea perdonado y también sé que resusitaste porque eres mi Dios, te acepto en mi corazón como mi Señor y mi Salvador. Y deseo vivir contigo, así que te invito de todo corazón a habitar en mi. Muéstrate en mi vida Señor. Amen.

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