Hay una gran diferencia cuando tu te empujas a ti mismo a que si Dios te hala. Para entender esto veamos el poder de halar.

Recordemos la historia de Eliseo:

Eliseo le dijo:

―Consigue un arco y varias flechas.

Joás así lo hizo. Luego Eliseo le dijo:

―Empuña el arco.

Cuando el rey empuñó el arco, Eliseo puso las manos sobre las del rey y le dijo:

―Abre la ventana que da hacia el oriente.

Joás la abrió, y Eliseo le ordenó:

―¡Dispara!

Así lo hizo. Entonces Eliseo declaró:

―¡Flecha victoriosa del Señor! ¡Flecha victoriosa contra Siria! ¡Tú vas a derrotar a los sirios en Afec hasta acabar con ellos! Así que toma las flechas —añadió.

El rey las tomó, y Eliseo le ordenó:

―¡Golpea el suelo!

Joás golpeó el suelo tres veces, y se detuvo. Ante eso, el hombre de Dios se enojó y le dijo:

―Debiste haber golpeado el suelo cinco o seis veces; entonces habrías derrotado a los sirios hasta acabar con ellos. Pero ahora los derrotarás solo tres veces.
— 2 Reyes 13:15-19 NVI

Una cosa que debes de tener en claro es que el poder de Dios no se basa en tu propio esfuerzo.

 

El poder de halar

Aquí hay una forma de entender la diferencia entre empujar y halar:

Supongamos que tienes el arco y las flechas. Tu esfuerzo es como intentar lanzar las flechas simplemente empujando la flecha, mientras que el poder de Dios es como si lanzaras las flechas usando el arco para halar y soltar las flechas.

En esta analogía puedes notar que en ambos casos nosotros debemos hacer nuestra parte. La diferencia está en qué tan lejos quieres llegar.

Voy a usar otra referencia porque quiero que esta idea esté lo más clara posible.

En un mundo moderno hay muchas armas avanzadas. Tu esfuerzo es como tener esta arma pero sin saber como usarla. Mientras que el poder de Dios es como tener esta misma arma y también ser todo un experto usándola.

pues aunque vivimos en el mundo, no libramos batallas como lo hace el mundo. Las armas con que luchamos no son del mundo, sino que tienen el poder divino para derribar fortalezas.
— 2 Corintios 10:3-4 NVI

Quizás haz estado empujando y empujando toda tu vida. Por eso ya estás cansado de ver tan pocos resultados. Dios sabe eso y quiere enseñarte el poder que hay en Él, se trata de el poder de halar pues eso marcará toda la diferencia.

Empujar es como la motivación pues es una influencia externa. Mientras que halar es como la inspiración pues viene del interior.

Es por esto que la motivación te va a empujar a lo largo del día pero es la inspiración la que te va a guiar a lo largo de tu vida.

El poder de halar viene con mucha presión.

Debes darte cuenta que para halar necesitas que la flecha esté en la posición correcta o sino no va a funcionar. Es por eso que Dios te llevará a lugares y situaciones especiales pues tiene un propósito contigo.

Elías salió de allí y encontró a Eliseo hijo de Safat, que estaba arando. Había doce yuntas de bueyes en fila, y él mismo conducía la última. Elías pasó junto a Eliseo y arrojó su manto sobre él. Entonces Eliseo dejó sus bueyes y corrió tras Elías.

―Permítame usted despedirme de mi padre y de mi madre con un beso —dijo él—, y luego lo seguiré.

―Anda, ve —respondió Elías—. Yo no te lo voy a impedir.
— 1 Reyes 19:19-20 NVI

Muchos de nosotros no estábamos buscando a Dios, pero aún así Él tenía algo especial preparado para nosotros. Y bendito sea Dios por eso.

Dios nunca te va a empujar, Él te va a halar.

 

Sé que con la traducción puede sonar un poco chistoso, es decir, el poder de halar como que no pareciera tener mucho sentido hasta que le agregas el contexto del arco y las flechas, además de cómo Dios usa estas herramientas.

De cualquier forma, me alegra mucho saber que estás siendo bendecido con esta serie de los mensajes basados en las prédicas de Steven Furtick.

Si aún no lo has hecho. Puedes formar parte de nuestra familia haciendo esta sencilla [oración].

Deja que el Espíritu Santo esté contigo para entender y aplicar todo lo que has leído.

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